
La propaganda de atrocidades funciona como un potentísimo reactivo psicológico. No es de extrañar que sea uno de los recursos favoritos de los propagandistas, sobre todo en tiempos de guerra. Quédate para descubrir en qué consiste esta técnica y cómo ha evolucionado a lo largo de la historia 😱.
Incluso una persona pacífica y civilizada apoya el uso de la fuerza cuando cree que se está cometiendo una atrocidad. Es más, los actos brutales despiertan en nosotros un sentido de la justicia visceral. La compasión hacia las víctimas y la angustia nos llevan a reclamar un castigo ejemplar para el perpetrador de tales crímenes. Ese torrente emocional es oro molido para la propaganda.
- ¿Qué es la propaganda de atrocidades?
- ¿Qué propósito tiene la propaganda de atrocidades?
- Ejemplos históricos de la propaganda de atrocidades
- Las Cruzadas (1095)
- Libelos de sangre (S. XII)
- Leyenda negra española (siglos XV–XVII): los impresos al servicio de la propaganda de atrocidades
- Rebelión irlandesa de 1641
- Guerra hispano-estadounidense (1898)
- IGM (1914–1918): el apogeo de la propaganda de atrocidades
- Guerra Civil española (1936–1939)
- Segunda Guerra Mundial (1939-1945)
- Guerra del Golfo Pérsico (1990)
- Guerra de Yugoslavia (1991)
- Guerra de Irak (2003)
- Represión de los rohinyás en Myanmar (2017)
- ¿Por qué funciona tan bien la propaganda de atrocidades?
- Reflexión final sobre la propaganda de atrocidades
¿Qué es la propaganda de atrocidades?
Llamamos propaganda de atrocidades a una técnica propagandística consistente en difundir narrativas sobre los actos de barbarie cometidos por el enemigo. Los hechos atribuidos al adversario pueden ser reales, exagerados o inventados. A nivel académico, este término fue acuñado por Bromley, Shupe y Ventimiglia en 1979.
Como forma de guerra psicológica, la propaganda de atrocidades está muy ligada a otras técnicas propagandísticas. En particular, guarda una estrecha relación con la deshumanización del enemigo y con la explotación de mártires estratégicos.

Características de la propaganda de atrocidades
- Describe con detalle actos de extrema crueldad (atrocidades). Estos deben constituir violaciones flagrantes de los valores fundamentales de la sociedad (infanticidio, violación, tortura, sacrilegios, etc.).
- Las crueldades se imputan a un objetivo hacia el que se pretende canalizar el odio de la población. Este puede ser individual o colectivo (potencia enemiga, político caído en desgracia, grupo étnico, etc.).
- Su difusión es reiterada, consciente y planificada (propaganda).
- La consecuencia directa de achacar la perpetración de salvajadas es deshumanizar al adversario. Quien es capaz de cometer actos tan execrables pasa a ser considerado como una bestia o una máquina.
- Busca despertar una reacción emocional intensa en el receptor, nublando su juicio analítico. El relato propagandístico debe ser tan directo y salvaje que cualquiera se sienta moralmente ultrajado al conocerlo. Una vez despertada esa justa indignación, el propagandista podrá canalizarla hacia donde desee (p.ej: reclutamiento).
- Presenta el conflicto como una lucha entre el bien y el mal en sus versiones más absolutas, eliminando cualquier matiz. Cuando el maniqueísmo entra en juego, no cabe apiadarse del adversario o tratar de entender su perspectiva.
- Es compatible con cualquier formato. A lo largo de la historia de la propaganda, ha estado presente en todo tipo de soportes (grabados, fotografías, documentales, testimonios, películas, redes sociales, etc.).

¿Cuándo se usa la propaganda de atrocidades?
La difusión de las salvajadas perpetradas por el adversario suele asociarse con entornos bélicos. De hecho, constituye uno de los principios de la llamada propaganda de guerra. Al fin y al cabo, el patriotismo no basta por sí solo para hacer que la nación odie al enemigo.
«Tan grandes son las resistencias psicológicas a la guerra en las naciones modernas que toda guerra debe aparecer como una guerra de defensa contra un agresor amenazante y asesino. No debe haber ambigüedad sobre a quién debe odiar el público.» Dr. Harold D. Lasswell (1902-1978), politólogo estadounidense
No obstante lo anterior, la propaganda de atrocidades también puede emplearse en tiempos de paz. Así, constituye un recurso habitual a la hora de señalar a un enemigo interno, a fin de discriminarlo, pero sin entrar en guerra abierta contra él. Ejemplos de ello serían los relatos antisemitas publicados en Der Stürmer y la película supremacista El nacimiento de una nación (1915).
¿Qué propósito tiene la propaganda de atrocidades?
Basar los mensajes propagandísticos en actos atroces obedece a múltiples fines. Cabe destacar que estos suelen operar de forma simultánea e interconectada.

- Brinda una justificación moral para la propia brutalidad (invasiones, bombardeos, genocidios, etc.). De no ser por la barbarie cometida por el enemigo, los nuestros no estarían dispuestos a apoyar o consentir tales desmanes.
- Demoniza al enemigo para despertar odio y deseo de venganza en la población. La difusión de su supuesta bestialidad es clave a la hora de neutralizar la empatía hacia el adversario.
- Moviliza apoyos internos y externos, convenciendo al target de que la acción era necesaria y justa. ¡Es todo un clásico cuando se trata de crear un casus belli! Por la misma razón, resulta muy útil para reclutar combatientes y elevar la moral de la tropa.
- Encubre la propia barbarie. Al desvíar la atención hacia la brutalidad del enemigo, evita que nos fijemos en las crueldades cometidas por el bando emisor.
- Cumple una función de inteligencia. Obliga al adversario a invertir valiosos recursos en defenderse (como el torpe Aufruf an die Kulturwelt! de 1914). Después de todo, este sabe que la propagación de salvajadas desmoraliza a su propia población. Emprender semejante derroche de medios le puede llevar a descuidar otros frentes.
Ejemplos históricos de la propaganda de atrocidades
La historia de la humanidad está llena de fake news históricas. Buena parte de ellas han tenido como sustrato la difusión de hechos truculentos. Puedes estar seguro de que la propaganda siempre ha sabido cómo explotarlos para manipular a las masas.

Las Cruzadas (1095)
En su sermón de Clermont, el Papa Urbano II acusó a los musulmanes de devastar iglesias, circuncidar a los hombres cristianos y violar a las mujeres. Esta descripción de salvajadas fue más que suficiente para movilizar a la población hacia la Primera Cruzada.
Libelos de sangre (S. XII)
Según los libelos de sangre, los judíos secuestraban, torturaban y asesinaban a los niños cristianos para consumir su sangre en Pésaj. Esta persistente acusación sirvió para justificar todo tipo de medidas antisemitas en la Europa medieval.
Leyenda negra española (siglos XV–XVII): los impresos al servicio de la propaganda de atrocidades
El imperio español fue objeto de una intensa campaña propagandística a cargo de sus enemigos (Inglaterra, Francia y Holanda). Cabe reseñar, por imaginativa, la leyenda de que el ejército español comía niños en Flandes. Los países que tanto se escandalizaron con la supuesta crueldad hispánica perpetraron no pocos crímenes coloniales.
Rebelión irlandesa de 1641
Los rebeldes irlandeses cometieron matanzas reales contra los colonos protestantes, como la de Portadown. Sin embargo, la propaganda inglesa infló las cifras de víctimas e inventó salvajadas como la de destripar a las embarazadas. Ello le daría la justificación perfecta a Oliver Cromwell para masacrar a los rebeldes derrotados.

Guerra hispano-estadounidense (1898)
Pulitzer y Hearst se dedicaron con denuedo a calentar el ambiente prebélico. La prensa neoyorquina inventó y exageró historias sobre la brutalidad española contra civiles cubanos. Tal sería el caso de los humillantes registros de mujeres cubanas por parte de oficiales españoles.
IGM (1914–1918): el apogeo de la propaganda de atrocidades
Los británicos fueron los que más partido le sacaron a la propaganda de atrocidades. Acusaron a los «bárbaros hunos» de:
- Mutilar los pechos de las monjas.
- Fabricar jabón con cadáveres humanos.
- Crucificar a un soldado canadiense.
- Descuartizar bebés.
- Incendiar pueblos, iglesias y bibliotecas.
Esta avalancha de salvajadas forjó el mito de la Violación de Bélgica. Incluso encargaron el Informe Bryce (1915) para otorgarles legitimidad académica. El libro Falsehood in War-Time (1928) de Ponsonby desmintió muchos de estos bulos.
Más allá de ser su víctimas recurrentes, los alemanes también emplearon la propaganda de atrocidades. Es más, inventaron historias como la del envenenamiento del agua por parte de los belgas para justificar sus matanzas. Mención especial merece el truculento relato de los cubos rebosantes de ojos arrancados a soldados del Reich.

Guerra Civil española (1936–1939)
Tanto el bando republicano como el nacional usaron la barbarie del contrincante con fines propagandísticos. Por ejemplo, la propaganda franquista se hizo eco de la matanza de Paracuellos y de las torturas practicadas en las checas. Sus adversarios harían lo propio con el bombardeo de Guernica y los fusilamientos de Badajoz.
Segunda Guerra Mundial (1939-1945)
A la vista de lo eficaz que resultó en la IGM, todas las potencias beligerantes hicieron uso de la propaganda de atrocidades. Por ejemplo, la prensa nazi explotó el Domingo Sangriento de 1939 para justificar la invasión de Polonia. Por su parte, la serie de documentales estadounidense Why We Fight de Frank Capra presentó a Alemania y Japón como naciones de asesinos innatos.
El Golfo Pérsico (1990)
Una llorosa joven kuwaití llamada Nayirah testificó ante el Congreso de los EE. UU. Según ella, los soldados iraquíes sacaban a los bebés de sus incubadoras para dejarlos morir en el suelo. Este testimonio, tan escalofriante como falso, resultó de gran ayuda para que la mayoría de estadounidenses apoyaran la intervención militar en el Golfo Pérsico. Lo analizo con más detalle en el post sobre mentiras históricas.
Yugoslavia (1991)
Un fotógrafo serbio afirmó haber visto los cadáveres de 41 niños asesinados por soldados croatas. Esta historia incitó a los rebeldes serbios a ejecutar a combatientes croatas de manera sumaria. Más tarde, el fotógrafo reconoció que se había inventado esta historia.

Irak (2003)
Uno de los relatos más propagados durante este conflicto fue el de que Saddam Hussein se deshacía de sus opositores introduciéndolos en una trituradora industrial. Otro tanto cabe decir de la difusión mediática que se dio al testimonio de Jumana Hanna, una iraquí que declaró haber sufrido torturas y violaciones bajo el régimen baazista.
Represión de los rohinyás en Myanmar (2017)
Militares y extremistas birmanos se sirvieron de Facebook para difundir su campaña de odio contra los rohingyas. En particular, les acusaban de querer destruir el budismo en Myanmar y de preparar ataques contra la población budista. Con ello se buscaba justificar la limpieza étnica llevada a cabo contra esta minoría musulmana.
¿Por qué funciona tan bien la propaganda de atrocidades?
La propaganda de atrocidades constituye una auténtica bomba persuasiva. Lo cierto es que pocos recursos igual en su eficacia a la hora de moldear la psicología colectiva. Resulta tan potente que permite desencadenar reacciones sin pedirlo expresamente (propaganda indirecta). ¿Sabías que su poder descansa sobre varios mecanismos psicológicos?
- Desata respuestas emocionales primarias (miedo, odio, indignación, etc.), siendo estas difíciles de contrarrestar con argumentos racionales. ¡Sus mensajes van derechos hacia tu amígdala!
- Se vale de varios principios de la propaganda para multiplicar su poder. Tal sería el caso de la orquestación, la transposición, la simplificación y el enemigo único.
- Aprovecha diversas falacias lógicas, como el falso dilema , el argumento ad metum o la apelación a la autoridad para reforzar su poder persuasivo.
- Es muy útil para explotar sesgos cognitivos, como el de endogrupo o el efecto cuerno.

Pros y contras desde el punto de vista persuasivo
| Ventajas | Inconvenientes |
| – Genera movilización inmediata. – Fortalece la cohesión interna mediante la identificación de un enemigo común. – Es muy accesible. Todos los ciudadanos pueden comprenderla sin esfuerzo. – Escalable: se adapta a todos los formatos y audiencias. – Permite justificar acciones violentas porque deshumaniza al adversario. | – Pierde credibilidad a largo plazo cuando se descubren las falsedades. – Puede causar escepticismo frente a crueldades reales. – Es incontrolable. El odio generado puede desbordar los objetivos iniciales. Ello da lugar a represalias desproporcionadas y ciclos de violencia sin fin. – Podría provocar terror y sumisión hacia el adversario en el receptor. – Viola el Derecho Internacional Humanitario. |
Reflexión final sobre la propaganda de atrocidades
Sin perjuicio de su efectividad, la de atrocidades es una de las formas de propaganda más peligrosas. Su perversidad se pone de relieve cuando las acusaciones son falsas o exageradas:
- Todos conocemos el cuento de Pedro y el lobo. La población, viendo que las truculencias descritas son falsas, deja de creer en estos relatos. Si, en el futuro, llegasen a suceder de verdad, las tomarían con desconfianza. Tal indiferencia podría retrasar o bloquear las acciones necesarias para detener la agresión.
- Propalar estas falsedades provoca un complejo efecto psicológico en el adversario. Para hacerlo breve: cuando se difunde un estereotipo negativo sobre una persona o grupo, estos tienden a confirmarlo. La mentira inicial funciona como una profecía autocumplida. Teorías como la del etiquetado de Becker (1963) y la de la amenaza del estereotipo de Steele/ Aronson (1995) lo demuestran.

Se me ocurren un par de ejemplos históricos que ponen de manifiesto este doble efecto de la propaganda de atrocidades. ¿Adivinas cuáles son?
