
El Mundial de 1934 demostró lo útil que resulta el deporte cuando se trata de hacer propaganda. Mussolini supo reconocer el potencial persuasivo del deporte rey y no dudó en sacar tajada. Tanto es así que esta Copa de Fútbol sentó todo un precedente en la materia.
Dos años antes de que el III Reich diera una lección magistral de sportwashing con las Olimpiadas de 1936, Mussolini le mostró el camino a seguir. De hecho, la Copa del Duce no sólo fue el primer Mundial disputado en Europa: también sentó cátedra acerca del uso propagandístico del deporte.
¿En qué contexto se desarrolló el Mundial de 1934?
Para entender el poder propagandístico del Mundial de Italia de 1934, hemos de tener en cuenta que el fascismo italiano estaba en pleno apogeo. El extremismo político florecía en Europa impulsado por las consecuencias del crack del 29 y por el fracaso de la Sociedad de Naciones. Mussolini llevaba más de una década en el poder y aún quedaban bastantes años para que su régimen comenzase a sufrir derrotas bélicas flagrantes.
El fascismo buscaba impresionar a italianos y a extranjeros con su estética del poder. A tal fin, el gobierno financiaba grandes obras y desfiles. El deporte y, sobre todo, el fútbol se incorporaron rápidamente a esta estrategia. El Duce entendió que aquel espectáculo de masas, bien dirigido, podía instrumentalizarse con fines propagandísticos. Fue por ello que levantó estadios monumentales y unificó clubes locales

El fascismo no concebía el deporte como un mero esparcimiento individual. Desde su perspectiva, cultivar el cuerpo forjaba el carácter colectivo de la población. Tal dinámica prepararía a los ciudadanos para alcanzar los objetivos bélicos y productivos del Estado. Es por ello que el régimen de Mussolini le concedió un carácter tan trascendental a la Copa Mundial de 1934
El de Italia en 1934 fue el segundo Mundial que se celebró en la historia de la FIFA. El primero había sido el de Uruguay de 1930 y constituyó un rotundo éxito. Puedes imaginar el tremendo lobby desplegado por el Gobierno fascista para convertir su país en la sede de la 2ª edición.
¿Cuál fue el propósito propagandístico del Mundial de 1934?
La Copa del Mundial de fútbol de 1934 le daba a la Italia fascista una oportunidad de oro. El régimen de Mussolini buscaba mostrar en lo deportivo la grandeza que el Tratado de Versalles (1919) le había arrebatado en lo político. Aquel evento multitudinario demostraría al mundo que Italia era un Estado fuerte, moderno y eficiente llamado a liderar la escena internacional.
En particular, los objetivos ideológicos buscados por Benito Mussolini en el Mundial de 1934 fueron los siguientes:

- Legitimar el fascismo italiano a nivel internacional. El fútbol actuaría como escaparate para mostrar las virtudes de su régimen.
- Reforzar la cohesión interna (Italia solo llevaba 73 años unificada). La Copa del Mundo de 1934 servía para reforzar la identidad nacional y el patriotismo. El triunfo deportivo equivaldría así a una victoria tanto política como racial. Las fronteras entre deporte y política quedaban, pues, diluidas.
- Forjar el mito del hombre nuevo fascista. La iconografía del Mundial de 1934 representaba cuerpos atléticos y viriles, en consonancia con el ideal de guerreros jóvenes y fuertes.
¿Cómo utilizó Mussolini el Mundial de 1934 para hacer propaganda?
La estrategia de Italia en el Mundial de 1934 no se limitaba a presionar para obtener la sede (mérito de Giovanni Mauro). Eso solo era el primer paso. A partir de ahí, el régimen de Mussolini desplegó todos los recursos a su alcance para exprimir el potencial propagandístico de la Copa.
Propaganda visual del Mundial de 1934
Italia se vio inundada de carteles, pancartas y panfletos que anunciaban a bombo y platillo el Mundial de 1934. La estética de todo este material impreso era idéntica a la de la propaganda fascista.
- Hombres jóvenes y atléticos representados conforme a la corriente artística del futurismo
- Simbología del PNF (p.ej: fasces romanas).
- Gestualidad victoriosa o emuladora del fascismo (p.ej: saludo a la romana).
- Colores nacionales (verde, blanco y rojo).
- El balón oficial del Mundial de 1934, el Federale 102, fue fabricado en Italia.
- La Coppa del Duce fue una copa adicional encargada por Mussolini para la ocasión. Su grandiosidad era toda una declaración de intenciones.

Achille Starace, el «Sumo Sacerdote del Culto a Il Duce«, se encargó de que los italianos fueran bombardeados con toda esta iconografía. Más de 30.000 carteles, sellos postales, billetes de tranvía y hasta una marca de cigarrillos (Campionato del Mondo) les recordaban constantemente el evento. La indisoluble unión entre el Mundial de 1934 y el fascismo aparecía por todas partes.
El papel de la radio en el Mundial de 1934
La radio estatal desempeñó un papel decisivo a la hora de difundir tanto los resultados deportivos del Mundial de 1934 como los mensajes políticos asociados a ellos. El ente estatal (EIAR) fue el encargado de transmitir los partidos en directo no sólo en frecuencias nacionales, sino también internacionales. En este punto, las electrizantes y patrióticas locuciones de Nicolò Carosio fueron clave para mantener en vilo a los radioyentes.
Mussolini emitió órdenes directas para que los comentaristas describieran de manera enfática los estadios. Su narrativa debía afirmar que estos estaban llenos a rebosar y desbordantes de alegría popular, aunque no fuera cierto.
Arquitectura: los estadios como símbolos del régimen
- Construcción y remodelación de estadios en diversas ciudades (Roma, Milán, Turín, Génova, Florencia, Nápoles, Trieste y Bolonia). La estética racionalista y las proporciones colosales eran la norma.
- Rebranding: se rebautizó el principal estadio de Roma como “Stadium del Partido Nacional Fascista” o “Estadio del Partido Nacional Fascista”.
- Escenografía fascista en las gradas. Los palcos de honor estaban copados de camisas negras, militares y jerarcas del PNF. La presencia del propio Mussolini era constante.

Hostilidad y presiones
El fascismo concebía la Copa Mundial de Italia de 1934 como una auténtica batalla. Todo valía para alzarse con la victoria. Así pues, si eras alguien en aquel evento, acababas recibiendo amenazas del PNF tarde o temprano. Esto incluía no solo a la FIFA y a las selecciones extranjeras, sino también a la propia Azzurra y a su seleccionador.
“Usted es el único responsable del éxito, pero que Dios lo ayude si llega a fracasar”, Mussolini a Vittorio Pozzo (seleccionador nacional italiano).
Los árbitros ocuparon un lugar muy especial dentro de aquel clima lleno de presiones. En consecuencia, los violentos encuentros del mundial de 1934 estuvieron llenos de polémicas arbitrales. Algunos de los casos más sonados fueron el del suizo René Mercet (España-Italia en cuartos) y el del sueco Ivan Eklind (semifinal Austria-Italia / final Checoslovaquia-Italia).
Ritualización fascista del espectáculo
El protocolo seguido en el Mundial de Italia de 1934 dejaba muy clara cuál era la ideología de los anfitriones.
- Al inicio de los partidos el público coreaba de manera espontánea el grito «Italia, Duce»,
- Antes de cada encuentro jugadores y árbitros debían formar ante el palco de honor y realizar el saludo fascista en dirección a los jerarcas.
- El himno del PNF (Giovinezza) sonaba en cada partido jugado por Italia.
- El lema central del fascismo “vencer o morir” (vincere o morire) se trasladó al fútbol.

¿Cuáles fueron los pros y contras persuasivos del Mundial de Italia de 1934?
El Mundial de 1934 estuvo rodeado de luces y sombras en cuanto a su capacidad para persuadir a las masas. Unas y otras ponen de manifiesto una estrategia potente e innovadora no exenta de grietas.
Ventajas persuasivas del Mundial de 1934
- Primicia: el Mundial de Italia de 1934 constituye la primera gran campaña de sportswashing de la historia. Sentó precedentes que luego serían seguidos por otros gobiernos autoritarios (Argentina 1978, Rusia 2018, Qatar 2022, etc.). Como es lógico, el Mundial Fantasma de 1942 también tomó buena nota de cómo se hicieron las cosas en la Italia de 1934.
- Coherencia absoluta: desde los carteles hasta el relato mediático, todo estaba alineado al 100% con la narrativa y los valores fascistas (juventud, patria, fuerza, disciplina, etc.). La victoria de Italia como campeón del mundo en 1934 fue la guinda del pastel.
- Férreo control del entorno: el régimen de Mussolini en la Italia de 1934 embridó hasta el más mínimo detalle para que todo casara con su relato (árbitros, medios, espacios públicos, etc.).
- Descentralización geográfica estratégica: el uso de varias ciudades como sede buscaba exhibir los logros logísticos alcanzados en todo el país.
- Alcance masivo: la segunda Copa del Mundo de fútbol constituía el mayor escenario mediático que podía tenerse en 1934. Mussolini lo vio antes que nadie y no dudó en aprovecharlo.
- Permanencia: la decidida apuesta del régimen por demostrar grandeza a través de la arquitectura dejó un legado propagandístico muy duradero. Los carteles se arrancan, pero los estadios permanecen.
- Omnipresencia: la campaña de saturación emprendida por Starace taladró el Mundial de 1934 en la mente de todos los italianos. ¡Era imposible escapar de su influencia!

Desventajas persuasivas del Mundial de Italia de 1934
- Contradicciones ideológicas de fondo: el uso masivo de los oriundi chocaba con una retórica que primaba la pureza racial y la autosuficiencia nacional.
- Dependencia extrema del resultado deportivo: este tipo de propaganda solo sale bien cuando el marcador corrobora al mensaje ideológico. Por eso, tanto árbitros como jugadores fueron presionados hasta el extremo. El fracaso no era una opción.
- Politización demasiado evidente: el Mundial de 1934 estaba tan ideologizado que muchos dudaron de su objetividad desde el principio. Algunos de los arbitrajes fueron realmente cuestionables.
7 anécdotas del Mundial de Italia de 1934
El oportunismo de Mussolini con el Mundial de 1934
Se dice que el Duce era cualquier cosa menos un hincha del fútbol. No obstante, como periodista, sabía muy bien el poder emocional que poseía este deporte. Es por ello que, ya en 1929, se hizo socio del Lazio (club vinculado al fascismo) para mostrarse cercano al balompié.
La falta de registro cinematográfico oficial
Una de las mayores peculiaridades del Mundial de 1934 es la inexistencia de registro audiovisual sancionado por la FIFA. De aquel evento no hay, pues, ni película ni documental oficialmente autorizado .
El único registro audiovisual que se conserva son las bobinas del el Istituto Luce (el equivalente del NO-DO español). El carácter propagandístico de este ente le permitió editar los metrajes para ocultar jugadas polémicas y arbitrajes sospechosos.

Ganar o morir
En una comida con los integrantes de la selección italiana, Mussolini protagonizó una escena memorable. Il Duce les dijo a los jugadores “O ganan o shhh”, acompañando sus palabras con el inequívoco gesto de pasar el pulgar por el cuello. Según parece, durante el entretiempo de la final, el dictador entró en el vestuario para “arengar” al equipo. ¡Eso es motivar y lo demás son tonterías! 😱
«No sé cómo lo hará, pero Italia debe ganar este campeonato. Es una orden». Mussolini Giorgio Vaccaro presidente de la Federación y límite del comité organizador del torneo.
El Duce no se perdió ni un partido
Benito Mussolini logró la proeza de presenciar los 16 encuentros del Mundial de 1934. Cuesta creer que el líder de un país tenga tiempo para asistir a todos los partidos. Algunos historiadores afirman que el dictador italiano hizo posible esta hazaña echando mano de varios dobles.
La ironía de los oriundi
Una de las mayores paradojas del Mundial de Italia de 1934 fue que la Azzurra recurriera masivamente a los oriundi. Estos jugadores, descendientes de italianos y nacidos en el extranjero, fueron nacionalizados a toda prisa para incluirlos en la selección.
Algunos de los nacionalizados venían de las selecciones de Argentina (Monti, Orsi o Guaita) y de Brasil (Guarisi). Ninguno cumplía el plazo de 3 años requerido para cambiar de selección.

El objetivo de estas nacionalizaciones express era convertir a Italia en el campeón de 1934. Salta a la vista que ello contradecía el discurso ultranacionalista del régimen, cosa que la prensa extranjera señaló enseguida.
«Si pueden morir por Italia, pueden jugar con Italia». Vittorio Pozzo, seleccionador italiano En respuesta a las críticas de la prensa internacional por la cuestión de los oriundi.
El futbolista Luis Monti encarnó el drama de los oriundi en el Mundial de 1934. Este defensa jugó con la selección argentina en 1930 y fue amenazado para jugar con la camiseta de Italia en 1934.
“En Montevideo me mataban si ganaba; en Roma me mataban si perdía”. Luis Monti, defensa de la Azzurra en 1934
La Coppa del Duce
El trofeo de la FIFA, la Copa Jules Rimet, era poca cosa para el régimen fascista. Por eso, en la ceremonia de entrega de premios, el equipo italiano recibió, además, la Coppa del Duce. Este colosal trofeo era seis veces más grande que el oficial. ¡Hicieron falta cuatro hombres para llevarlo hasta el centro del campo!
Repetición de la misma fórmula en 1938
La presión extrema y el ritualismo fascista no finalizaron en el Mundial de Italia de 1934. A la vista de los buenos resultados obtenidos, el régimen mussoliniano replicó idéntica estrategia en la Copa del Mundo de Francia de 1938. Es más, en aquella ocasión el conjunto italiano lució una camiseta completamente negra, en lugar de su tradicional uniforme azul. Todo un guiño a las milicias fascistas. Una vez más, ganaron la final

No cabe duda de que el Mundial de 1934 trascendió las fronteras de lo deportivo para adentrarse en el terreno de la comunicación política. No en vano sentó las bases de cómo un torneo futbolístico puede servir a los intereses de la maquinaria propagandística estatal. Su influencia y vigencia perviven aún a día de hoy.
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