
¿Sabías que Jean-Paul Marat fue una figura clave dentro de la propaganda de la Revolución Francesa? Su estilo radical e intransigente refleja el virulento vigor que impulsó el cambio de régimen. Las luces y sombras de este personaje serán el tema central del presente post.
Ficha de Jean-Paul Marat
| Campo de registro | Información detallada |
| Fecha y lugar de nacimiento | 24 de mayo de 1743, Boudry, Principado de Neuchâtel (actual Suiza). |
| Fecha y lugar de fallecimiento | 13 de julio de 1793, París, Primera República Francesa. |
| Causa de la muerte | Asesinato por apuñalamiento (herida penetrante en la carótida infligida por Charlotte Corday con un cuchillo de cocina). Falleció a los 50 años. |
| Formación | Estudios de Medicina en la Universidad de Burdeos (1759–1761); Doctor en Medicina por la Universidad de Saint Andrews, Escocia (1775). Autodidacta en física, óptica, electricidad y derecho penal. |
| Trabajos desempeñados | Físico y cirujano privado (Londres y Newcastle); médico de la corte de la guardia personal del Conde de Artois (París); científico e investigador en física experimental; publicista, periodista y editor periodístico; diputado en la Convención Nacional de Francia. |
| Obras | Les Chaînes de l’esclavage (1774); Plan de législation criminelle (1780); L’Ami du peuple (periódico, desde 1789); Offrande à la patrie (1789); Journal de la République française (etapa final, 1792-1793) |

Breve biografía de Jean-Paul Marat
Jean-Paul Marat llegó a ser una de las figuras más influyentes de la Revolución Francesa. Nacido en el seno de una familia de clase media-baja, desarrolló durante su juventud una exitosa carrera como médico e investigador científico. Sin embargo, el rechazo de sus teorías por parte de la Academia de Ciencias de París desató en él un profundo resentimiento hacia las instituciones oficiales.
El estallido del período revolucionario en 1789 brindó un poderoso catalizador para el despechado Marat. Fue entonces cuando este antiguo médico inició el oficio que lo haría pasar a la posteridad: el de periodista. En septiembre de 1789 funda L’Ami du peuple (El Amigo del Pueblo): el periódico que justificaba la violencia popular y denunciaba supuestas traiciones políticas. Su estilo incendiario lo convirtió en el principal movilizador de los sans culottes,
Jean-Paul Marat fue elegido diputado de la Convención Nacional como miembro del ala más radical de los jacobinos. Su encendida defensa de la violencia y su lucha contra los girondinos le convirtieron en un objetivo a batir. El 13 de julio de 1793, mientras se hallaba trabajando en la bañera, fue asesinado por una joven simpatizante girondina llamada Charlotte Corday.

Con el asesinato de Jean Paul Marat, Charlotte Corday pretendía vengar la persecución de los girondinos y frenar el reinado del terror. Su acción le valió morir en la guillotina acusada de alta traición. Marat, por su parte, fue elevado a la categoría de mártir laico.
«Maté a un hombre para salvar a cien mil». Charlotte Corday, asesina de Marat.
Así fue la vida privada de Marat
La vida cotidiana de Jean-Paul Marat estuvo marcada por la enfermedad. El revolucionario sufría una afección dermatológica crónica que le causaba un incesante picor y dolorosas ulceraciones cutáneas. Tales molestias empeoraron severamente al tener que ocultarse en lugares insalubres para eludir a la policía. Un estudio de 2019 afirma que padeció una dermatitis seborreica severa coinfectada por el hongo Malassezia restricta.
El confinamiento en sótanos, buhardillas e, incluso, en la red de alcantarillado fue fatal para su enfermedad. Muchos coinciden en que el empeoramiento de su salud radicalizó su retórica y agravó su inestabilidad emocional.
«Una obediencia ciega supone una ignorancia extrema.»
A causa de su enfermedad, Marat pasaba gran parte de su tiempo sumergido en la bañera. La mezcla de agua tibia, aceites medicinales y vinagre aliviaba, en parte, su tormento. Asimismo, envolvía su cabeza con un turbante empapado en vinagre para calmar sus constantes cefaleas. Una tabla de madera colocada sobre su tina a modo de escritorio le permitía redactar sus artículos.

En el plano familiar, Jean-Paul Marat se unió sentimentalmente a Simonne Évrard en 1790, formalizando su relación por lo civil en 1792. Además de su compañera de vida, Simonne se convirtió en su enfermera y colaboradora editorial. De hecho, era ella quien financiaba la compra de los insumos necesarios para mantener activo el L’Ami du peuple.
¿Cómo era la personalidad de Jean-Paul Marat ?
Jean-Paul Marat era, sin duda, un hombre complejo que entremezclaba una sincera sensibilidad social con un fanatismo irredento. De temperamento vehemente y enérgico, tendía a obsesionarse con facilidad. Era, además, un trabajador infatigable que escribía mucho y muy rápido durante largas jornadas de trabajo.
El apasionamiento de Marat no estaba exento de un lado oscuro. Es más, sus contemporáneos lo describen como tremendamente colérico y suspicaz. Esa personalidad paranoide, acentuada tras el rechazo de sus teorías científicas, quedaba patente en su periódico. Para él, cualquier discrepancia ideológica o revés sufrido por la República probarían tales traiciones internas.
Es evidente que Marat se veía a sí mismo como el único guardián incorruptible de la Revolución. Este mesianismo, unido a un carácter huraño y solitario, le procuró un considerable aislamiento político. Incluso los jacobinos, como Robespierre, preferían mantenerse alejados de él en público.

Lejos de ser un oportunista, Jean-Paul Marat estaba genuinamente comprometido con la defensa de los marginados. De su desinterés por los bienes materiales da buena cuenta el humilde estilo de vida que llevaba. Ese carácter espartano sirvió para reforzar su credibilidad entre los desarrapados.
«¿De qué sirve la libertad política para los que no tienen pan? Sólo tiene valor para los teorizantes y los políticos ambiciosos.»
¿Cuáles fueron los apodos de Jean-Paul Marat?
Como suele suceder con casi todos los propagandistas, Jean-Paul Marat fue objeto de numerosos apodos. Estos son algunos de los que acuñaron sus partidos y detractores
| Partidarios | Detractores |
| El Amigo del Pueblo El Catón francés La conciencia de la Revolución El Mártir de la Libertad (póstumo) El Látigo de la Revolución El casandra de la Revolución (autoimpuesto) | El monstruo La bestia sedienta de sangre El profeta de la guillotina El masacrador de septiembre El demagogo de las alcantarillas |
¿Qué estilo propagandístico tenía Jean-Paul Marat?
Jean-Paul Marat fue todo un visionario en lo que respecta a la persuasión de las masas. No en vano, su periódico puede considerarse como uno de los pioneros de la agitación social. Desde esta plataforma, se proyectaba ante la sociedad, no como un intelectual distante, sino como el portavoz, único e incorruptible, de las clases populares.

Estilo paranoide
Marat no concebía el periodismo como un medio de información neutral. Desde su punto de vista, la misión de la prensa era alertar de las supuestas conspiraciones alentadas por los traidores a la República. A tal fin, se valía de una narrativa maniquea en la que los matices brillaban por su ausencia. Si no eras parte del pueblo virtuoso, lo eras de los conspiradores corruptos.
Lenguaje directo y visceral
Este ex-médico rompió con el tono moderado y académico que caracterizaba a la prensa tradicional. Muy al contrario, su diario empleaba un tono coloquial trufado de adjetivos peyorativos. Las abundantes exclamaciones y preguntas desgarradoras buscaban apelar al lado más victimista de los sans-culottes, movilizando sus emociones sin aportar argumentos racionales.
«Las revoluciones empiezan por la palabra y concluyen por la espada.»
Señalamiento del enemigo
Una de las técnicas favoritas de Jean-Paul Marat era la de acusar públicamente a individuos específicos, tildándolos como «enemigos del pueblo» o «traidores». A menudo, señalaba con nombres y apellidos a generales, políticos o científicos para destruir su reputación o, las más de las veces, exigir su linchamiento. El marqués de La Fayette, Jean-Marie Roland y Antoine Lavoisier se cuentan entre las víctimas de sus feroces ataques.
«La libertad debe establecerse a través de la violencia. Ha llegado el momento de organizar el despotismo de la libertad contra el despotismo de los reyes.»

Oratoria escrita
La forma en la que Jean-Paul Marat escribía sus editoriales emulaba la oratoria asamblearia. Gracias a ello, el diario podía leerse en voz alta en lugares públicos, a fin de que su mensaje calara en los parisinos analfabetos (el 25% de la población).
Accesibilidad del formato
L’Ami du peuple era un diario-panfleto de ocho páginas que se imprimía en un papel de ínfima calidad con tipografías muy apretadas. Esta táctica rebajaba al mínimo el coste de producción, lo que permitía venderlo por un precio tan bajo que incluso los desposeídos podían comprarlo. Además, su tirada de 2.000 ejemplares diarios se veía multiplicada por la difusión oral.
Periodismo de denuncia
Al igual que luego haría el Pravda, el periódico de Marat dedicaba gran parte de su espacio a publicar las denuncias anónimas enviadas por sus lectores. De este modo, El Amigo del Pueblo fomentaba una cultura de vigilancia vecinal que lo dotaba de un poder cuasi judicial
Legitimación dogmática de la violencia
Jean-Paul Marat fue el primer gran teórico de la violencia revolucionaria. Desde su perspectiva, el uso de la fuerza era una necesidad política estructural. Sin ella, las masas no podrían ejercer su legítima autodefensa frente a la tiranía. Según él, si los reyes habían actuado con despotismo, era justo que la plebe replicara de forma igualmente despótica.

Este ex-médico solía exigir con fría existencia que debían caer cientos o miles de cabezas aristocráticas. De no procederse a esta purga selectiva, Francia caería en una guerra civil de proporciones masivas.
«Cincuenta o seiscientas cabezas cortadas os habrían asegurado la tranquilidad y la felicidad; una falsa humanidad ha frenado vuestro brazo… eso os costará la vida a millones de vuestros hermanos.»
5 curiosidades sobre Jean-Paul Marat
Los egregios admiradores de Jean Paul Marat
Aunque la Academia de Ciencia de París no apreciase sus teorías, lo cierto es que Marat era un investigador muy competente. De hecho, sus demostraciones experimentales sobre el calor y la electricidad atrajeron el interés del mismísimo Benjamin Franklin, que acudió personalmente a su laboratorio.
Marat llevó a cabo la traducción de la Opticks de Newton. Su brillante trabajo entusiasmó a Johann Wolfgang von Goethe, hasta el punto de que este criticó duramente a la Academia de Ciencias de París por marginar al entonces médico. El literato alemán calificó la actitud de sus integrantes como una muestra de “despotismo científico”.
La implacable venganza contra Lavoisier
Antoine de Lavoisier se opuso con encono al ingreso de Jean-Paul Marat en la Academia de Ciencias. El famoso químico bloqueaba por sistema la publicación de sus obras por atreverse a contradecir las teorías de Newton. Con el triunfo de la Revolución, Marat no dejó pasar la oportunidad de vengarse.

El ex-médico aprovechó su enorme influencia para suprimir la Academia de Ciencias de París y promover la ejecución de su antiguo enemigo. Lavoisier fue guillotinado el 8 de mayo de 1794 en París.
«La República no necesita sabios». Frase extraída de la sentencia que condenó a Lavoisier.
De médico cortesano a revolucionario
Cuando regresó a París en 1777, Jean Paul Marat se convirtió en un galeno muy reputado entre la alta burguesía y la nobleza. Su fama se disparó tras “curar” una grave afección pulmonar de la marquesa de L’Aubespine. Según parece, se limitó a administrarle agua, tiza… y una pizquita de amor 😉.
El marido de la Marquesa quedó tan agradecido que nombró a Marat médico de la guardia personal del Conde de Artois (hermano menor del rey Luis XVI). Ello, además de darle acceso a una clientela extremadamente selecta, le procuró un salario de 2.000 libras anuales.
Su meteórica carrera como médico le proporcionó recursos suficientes para montar un laboratorio privado. Fue allí donde, deseoso de ser reconocido como “genio creador”, desarrolló las investigaciones que la Academia de Ciencias rechazó. Su orgullo herido fue transformándose en un intenso odio político que canalizaría a través de la revolución.

El mártir laico
La muerte violenta de Jean Paul Marat es uno de los casos más claros de martirio estratégico. Sus seguidores comenzaron a reverenciarlo de una forma casi sectaria.
- Extrajeron su corazón y lo depositaron en una lujosa urna para que sus devotos pudieran rendirle culto.
- Se escribieron discursos que equiparaban su vida con la de Jesucristo.
- Hasta 58 localidades francesas cambiaron de nombre en su honor (Le Havre pasó a llamarse Havre-Marat)
- Los bustos y estatuas de Jean-Paul Marat reemplazaron a las esculturas de la Virgen María en numerosos rincones de París.
Todas estas muestras deificación terminaron bruscamente con la reacción termidoriana (1795). Sus restos exhumados fueron arrojados a una fosa común y las turbas destruyeron casi todos sus bustos. Durante la ocupación alemana (1940-1944), una de las pocas estatuas que quedaban de él fue fundida por los alemanes para obtener chatarra.

Las reliquias de su muerte
La tina de cobre en la que murió Jean-Paul Marat vivió una curiosa peripecia. Vendida por Simonne Évrard a un vecino, acabó en Sarzeau (Bretaña). Décadas después, un párroco bretón quiso venderla al Museo de Cera Madame Tussaud por 100.000 francos. Como su carta de aceptación se extravió en el correo, terminó vendiendo la bañera por solo 5.000 francos al Museo Grévin.
Cuando Marat fue acuchillado, se hallaba sosteniendo un ejemplar de su propio periódico, dejando sus páginas ensangrentadas. Esa muestra de sangre sirvió para diagnosticar a posteriori la enfermedad cutánea que padecía, lo que permitió descartar hipótesis como la sífilis o la sarna. Se trata, de hecho, de la muestra de ADN recuperada en papel más antigua del mundo.

Atenazado por su frustración profesional y su decrépita salud, Jean-Paul Marat encontró en la Revolución Francesa un entorno propicio para su alma atormentada; tales mimbres acabarían repitiéndose en otros agitadores y propagandistas de renombre. Eso sí, aunque estaba consumido por la sed de sangre y la paranoia, siempre tuvo el firme propósito de defender a los más desfavorecidos… a su manera.
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